EL AYUNO EN CUARESMA




EL AYUNO DURANTE LA CUARESMA

De las tres prácticas propias de Cuaresma, el ayuno (*las otras dos son la oración y la limosna) provoca hoy en día algunos errores de interpretación. El ayuno se ha convertido en una práctica ambigua. Es importante que tengamos en cuenta el ayuno clásico que el mismo Jesucristo renueva a través de su experiencia en el desierto.
En la antigüedad sólo se conocía el ayuno religioso; en la actualidad, existe el ayuno político y social (las huelgas de hambre); también existe el ayuno por motivos de salud y el ideológico (los vegetarianos), el ayuno patológico (la anorexia),  el ayuno estético (el culto al cuerpo creyendo que es mejor estar más delgado).
Por encima de todos estos ayunos, está el ayuno impuesto por la necesidad: el de millones de seres humanos que carecen de lo mínimo indispensable y se mueren de hambre.
Estos ayunos, por sí mismos, nada tienen que ver con cuestiones religiosas o estéticas. En el caso del ayuno por estética, algunas veces se puede “mortificar” el pecado de la gula por otro pecado capital: el del orgullo o vanidad. El ayuno, en sí mismo, es algo bueno y recomendable; es reflejo de algunas actitudes religiosas fundamentales como la reverencia a Dios, conocimiento de los propios pecados, resistencia a los deseos de la carne y preocupación y solidaridad con los pobres.
Muchas de las grandes religiones en el mundo animan al ayuno en determinadas épocas del año como una parte de la auténtica práctica religiosa. No tenemos más que pensar en el rigor con que los musulmanes ayunan durante el Ramadán o el ayuno de los judíos durante la fiesta del Yom Kippur.
El ayuno conlleva una actitud de fe, humildad y completa dependencia de Dios. El antiguo testamento cataloga el ayuno como una de las piedras angulares de la espiritualidad de Israel:”Vale más la oración sincera y la limosna generosa que la riqueza adquirida injustamente”. (Tobias 12:8)
El ayuno nos ayuda a no ser unos simples “consumidores”. Nos ayuda a adquirir el precioso “fruto del Espíritu” que es el autocontrol. Nos prepara para el encuentro con Dios. Debemos vaciarnos de nosotros mismos para ser llenados de Dios. El ayuno implica solidaridad con millones de hambrientos en el mundo. Pero no debemos de olvidar las alternativas al ayuno y abstinencia de comida. También podemos abstenernos de fumar o de beber alcohol, lo cual no sólo beneficia al alma sino también al cuerpo.
También podemos abstenernos de ver imágenes violentas o de sexo con las que la televisión, las películas, revistas e internet nos bombardean cada día atentando y distorsionando la dignidad humana. Otra forma de ayuno es no condenar ni despreciar a otros cuando no estemos de acuerdo con ellos.
El profeta Isaías (58:6-10) nos habla de la clase de ayuno que el Señor espera de nosotros. Él anima a quienes quieran escucharlo “abrid las prisiones injustas, haced saltar los cerrojos de los cepos, dejad libres a los oprimidos, romped todos los cepos” y hacedlo “compartiendo vuestro pan con el hambriento, hospedando a los pobres sin techo, vistiendo al que veáis desnudo” Cuando hagáis esto “  Vuestra Luz brillará como la aurora”.
Cuaresma es tiempo de ayuno pero también es tiempo de celebración. Ayuno de disconformidad,  odio, amargura, autocompasión, desánimo, pereza, sospecha, culpa. Celebración de gratitud, paciencia, perdón, compasión por los demás, esperanza, compromiso, verdad y misericordia de Dios. Cuaresma es, pues, tiempo de abstinencia pero también tiempo de celebración.
Father Thomas Rosica
Texto traducido de la revista digital Icatholic

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